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Rincón Teológico

En esta sección estaremos incluyendo regularmente artículos varios sobre temas teológicos y/ó interpretativos de interés general.

Como se debe disciplinar a un pastor que cae?

Que quiere decir “arrepentirse”?

A que nos referimos exactamente cuando hablamos de la futura “venida” de Cristo?

Jesucristo como “Hijo”…que significa?


 COMO SE DEBE DISCIPLINAR A UN PASTOR QUE CAE? – DICIEMBRE 2010

Cada vez parece ser más común la situación que muchas iglesias tristemente han tenido que enfrentar, acerca de la caída moral y/o espiritual de su líder, pastor, o anciano, y las tremendas repercusiones que generalmente trae a ese cuerpo local de creyentes. Nuestra observación a través de los años, sin embargo, ha sido la siguiente: muchas veces no es tan devastador a la congregación el pecado puntual de su pastor en sí, sino lo es la forma como la iglesia encara el tema de la disciplina y restauración posterior de este hermano. Hay más iglesias que se dividen (o gente que se va) a consecuencia de “cómo el resto de los ancianos o líderes de la congregación encararon el tema” que la situación de pecado que dio origen a todo. La mayoría de los miembros y familias de una iglesia local no tienen problema de perdonar y restaurar a su pastor (como debe ser) después de un pecado público, pero muchas veces son los cuerpos de líderes (quienes internamente deben decidir el proceso y la mecánica de disciplina y restauración a imponer al hermano) quienes parecen no saber como negociar esta situación y terminan alejados los unos de los otros, y a consecuencia terminan de traer abajo a la congregación.

Los cuerpos de líderes tienden a tomar una de dos posiciones encontradas en cuanto a este tema: 1) o adoptan una actitud fría y dramáticamente severa en cuanto al pastor, sin otorgar la posibilidad de perdón, aconsejamiento, y restauración (en efecto, obligando a este hermano a desaparecer para nunca más volver), o 2) adoptan la postura opuesta, de liviandad en cuanto al pecado y de no obligar al hermano a encarar las raíces más profunda de su problema. La primera posición generalmente ocurre debido a resentimiento y dolor interno de los hermanos líderes en cuanto al problema (“como pudo hacernos esto nuestro pastor?”), los cuales no pueden superar los sentimientos destructivos/autoconmiseración/culpa que una situación de esta naturaleza acarrea. La segunda postura generalmente se debe a inseguridad y/o temor acerca del asunto (“si se nos va el hermano, se nos viene la iglesia abajo”). Cada uno de estos extremos lleva a reacciones muy predecibles de la congregación contra el grupo de ancianos/líderes: en el primer caso, el rebaño rápidamente percibe la falta de madurez y/o amor, misericordia de los líderes, y les choca la forma tan dura de tratar con el hermano en pecado, y algunos quizás terminen yéndose de la iglesia porque no pueden confiar en la sabiduría/espiritualidad de los líderes que quedan. En el segundo escenario, la gente puede percibir que los líderes están en complicidad con el pastor, o que les falta carácter o integridad, y que están tratando de tapar las cosas y no enfrentar el problema, y terminan perdiendo confianza en los líderes de esta manera.

Que importante que es, entonces, mantener el equilibrio entre el amor y la disciplina, el balance entre la parte puramente doctrinal, y el elemento humano en juego. El pasaje más claro del Nuevo Testamento que habla de este tema se encuentra en I Timoteo 5: 19-20:

“Contra un anciano no admitas acusación sino con dos o tres testigos. A los que persisten en pecar, repréndelos delante de todos, para que los demás también teman”.

Este pasaje muestra cuatro puntos muy importantes que rigen la disciplina de un pastor ó líder una iglesia local. En primer lugar, Pablo le dice a Timoteo que ni siquiera admita acusación (o sea, escuche una acusación) contra un líder que no pueda ser corroborada por una o dos personas más. Este punto es importante, ya que impone un criterio más exigente que el principio encontrado en Mateo 18 que habla de algo parecido. El punto es que los pastores, por definición, siempre van a ser acusados de varias cosas, por distintos hermanos, y en cualquier momento, o sea, los líderes están expuestos naturalmente a incurrir “la ira” o la desaprobación de la gente mucho más fácilmente que otros hermanos que no están en posición de liderazgo. Es justamente para proteger al anciano o pastor de alegaciones injustas, que Pablo requiere la confirmación (la corroboración directa) de una o dos personas mas para simplemente considerar la acusación (no para determinar validez o invalidez al momento). El pasaje de Mateo 18:15-17 dice lo siguiente:

“Por tanto, si tu hermano peca contra ti, ve y repréndelo estando tu y el sólos; si te oyere, has ganado a tu hermano. Mas si no te oyere, toma aun contigo a uno o dos, para que en boca de dos o tres testigos conste toda palabra. Si no los oyere a ellos, dilo a la iglesia; y si no oyere a la iglesia, tenle por gentil y publicano”.

Cual es la diferencia entre estos dos pasajes en cuanto al tema puntual bajo estudio, el pecado público de un líder? El pasaje de Mateo es mas general, y se refiere a pecados directos de un hermano contra el otro (“si tu hermano peca contra ti”). El pecado de un líder es generalmente una falla moral seria, o de crácter/conducta, que no necesariamente es un pecado directo contra alguien de la congregación, sino que es una falla de carácter de otra envergadura, que potencialmente puede descalificarlo del liderazgo para siempre ( a pesar de poder recibir el perdón y restauración de los hermanos, y de cambiar de conducta). Aunque el tema es amplio y no podemos cubrirlo por entero en estas líneas, es certero decir que el criterio de I Timoteo 5 es superior (mas exigente) que el principio general de Mateo 18 (como debe ser, ya que está hablando específicamente de pecados de líderes).

En segundo lugar, notar que un anciano o pastor puede “persistir en pecar”, aun después de una confrontación amorosa y espiritual con el cuerpo local. Esto es lo que hemos observado: no hay cosa más humillante para un líder tener que ser confrontado con una falencia moral pública por su propia congregación, sus propias ovejas, hermanos que muy posiblemnte son fruto directo del ministerio personal del líder y que ahora deben encarar al hermano en otro nivel. Pocos líderes son los que inmediatamente reconocen su pecado, se humillan delante de su congregación, y aceptan la disciplina y restauracón prescrita por el consejo. La otra razón que el líder puede “persistir en pecar” es simplemente por la nueva atracción encontrada en ese pecado (una relación amorosa ilícita, por ejemplo), una seducción esclavizante que es muy difícil de dejar.

Tercero, muy interesante: el líder que persiste en pecar (que no se arrepiente o que no lo demuestra externamente, que persiste en su conducta inmoral), requiere de una reprensión pública. En otras palabras, da la idea de que Pablo admite la posibilidad de no tener que traer los pormenores del asunto al foro público de la iglesia si es que el hermano muestra (en privado, al núcleo de ancianos) una correcta disposición de arrepentimiento y abandono de pecado. Sin embargo, en ausencia de esa actitud, Pablo exige una reprensión pública del mismo (ya que estamos asumiendo que este asunto se conoce públicamente dentro de la iglesia, aunque no en todos los detalles). Esta disciplina pública tiene por lo menos 2 cometidos: 1) Deja en claro la posición del consejo en cuanto al hermano, evitando así rumores y chismes que son muy destructivos; 2) provee la forma de inducir al hermano a cambiar de actitud, al hacer de esto una materia de conocimiento general y articular la reprensión necesaria delante de la congregación.

Pero por último, Pablo menciona una tercera razón por la que se debe hacer la exhortación en público, y es para que “los demás también teman”. Esto puede verse de dos ángulos distintos: por un lado, este acto público en efecto provee un claro estándard de espiritualidad y conducta que también se aplica al resto de la gente – en otras palabras, remueve la ambiguedad, deja claro la posición del liderazgo en cuanto al tratamiento de este tema para una situación similar en el futuro. Pero también provee una demostración de autoridad práctica de los ancianos, los cuales en efecto, está diciendo a la iglesia, “esto es serio, esto no lo vamos a dejar pasar, no lo vamos a ignorar, y aunque sea duro y penoso, vamos a confrontar el pecado de raíz”. Y no hay nada como una acción de este tipo para proyectar una autoridad espiritual real a la congregación, para que en efecto, haya un sano “temor de Dios” en los hermanos, los cuales van a pensar dos veces si van a levantarse contra los líderes o tratar de desafiar su autoridad o poner a prueba su entereza.

Es posible para una iglesia sobrevir a una situación de esta naturaleza? Por supuesto. Sin embargo, requiere de una humildad, de un grado de comunicación, de una ternura y sabiduría tal (especialmente entre el grupo líder), que es imposible de ejercer en ausencia de una dependencia total del Señor. El proceso de sanidad lleva tiempo – quizás años – pero es increíble observar como muchos hermanos y familias pueden superar este asunto, permanecer en el cuerpo local, y crecer inmensamente a consecuencia de esta situación.


QUE QUIERE DECIR “ARREPENTIRSE”? – ABRIL 2009

Los términos “arrepentirse” y “arrepentimiento” aparecen varias veces en el Nuevo Testamento en conexión con el acto de salvación del ser humano. Las preguntas que quisiéramos encarar en este artículo son las siguientes: que significa “arrepentirse” exactamente? Es necesario el ‘arrepentimiento” para la salvación del ser humano? Si es así, quien produce este acto, es Dios que hace que el hombre se “arrepienta”, o es una decisión solamente de cada ser humano? Es el arrepentimiento un acto separado del creer con fe, o es la misma cosa que ejercer fe salvadora?

Muchos Hispanos de nuestras iglesia venimos de un transfondo católico, y tendemos a pensar en “arrepentirse” en el sentido de “reformarse”, o sea, el énfasis es externo, un cambio de vida. El problema con esa óptica es que si el ser humano tiene que arrepentirse (en el sentido de “reformarse”) antes de poder ser salvo, no se está salvando por sus propios esfuerzos? No está de alguna manera haciendo “méritos propios” para lograr la aprobación de Dios? En que sentido, entonces, debemos “arrepentirnos”? Como procedemos al estudio de este concepto para arribar a buen puerto:

PASO #1 – Entendamos la etimología básica del término en su idioma original.

El verbo “arrepentirse” en todas sus conjugaciones en Español, aparece 38 veces en el Nuevo Testamento (versión Reina-Valera 1960). En 34 de esas veces, el vocablo griego que usa el escritor es “metanoeo” el cual es traducido ‘arrepentirse”. Entonces la primera pregunta que tiene que hacerse un estudiante serio de la Biblia es “que significaba “metanoeo” en ese momento? (La pregunta no es que significa “arrepentirse” en Español en nuestro uso coloquial ó normal, porque no podemos asumir que esta es la forma como se usaba el concepto en el contexto Bíblico específico). “Metanoeo” quiere decir literalmente “cambio de opinión” ó “cambio de mente” ó “cambio de posición” en cuanto a algo. O SEA, EL ENFASIS PRIMARIO DEL VOCABLO ES “INTERIOR” (mente), NO EXTERIOR (conducta).

PASO #2 – Entendamos que el “objeto” de ese arrepentimiento (cambio de mente) no es siempre igual, sino está determinado por su contexto inmediato.

En otras palabras, “DE QUE hay que arrepentirse” (cambiar de opinión) no es siempre igual en todos los pasajes en donde aparece este verbo. Por ejemplo, en Mateo 27:3 leemos que Judas “devolvió arrepentido las 30 piezas de plata”. En otras palabras, Judas “cambió de opinión”en cuanto a lo que había hecho (traicionar a Cristo), y ese ‘arrepentimiento” fue sincero sin duda (la prueba está en que devolvió el dinero y sintió gran remordimiento de conciencia). Pero ese “arrepentimiento”, en su contexto inmediato, se refiere al pecado de traicionar al Señor solamente – Judas no se “arrepintió” de sus otros pecados, no cambió de postura fundamental en cuanto a la identidad de Jesús, y por lo tanto, ese “arrepentimiento”, aunque genuino, no tuvo el alcance necesario para su “salvación eterna”. NO TODO “ARREPENTIMIENTO” (cambio de sentir en cuanto a algo) PRODUCE LA SALVACION DEL ALMA.

Otro ejemplo: Hechos 2:36: “Pedro les dijo: Arrepentíos (verbo metanoeo), y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo.” Nosotros tendemos a leer este versículo e injectamos nuestro entendimiento previo, y lo entendemos como “arrepentirse de todos los pecados, pasados, presentes y futuros”. Pedro, sin embargo, les está hablando a los judíos que le están escuchando en el dia de Pentecostés en una forma mucho mas estrecha… Pedro está diciendo “arrepentíos” – cambien de mente, cambien de posición, cambien de opinión, en cuanto a un sólo pecado en contexto, y es el pecado de haber rechazado a Jesús de Nazaret y haberle matado hacía pocas semanas atrás! Notar que es el contexto inmediato lo que determina “de que es lo que hay que cambiar de posición”, y no siempre esto se refiere a lo mismo.

PASO #3: Distingamos entre ARREPENTIMIENTO (el cambio mental, interno de posición en cuanto a cierto tema), de los FRUTOS de tal arrepentimiento (el cambio de conducta como resultado).

Son dos cosas distintas, aunque generalmente aparecen juntas en los pasajes bíblicos. Jesús le dice a los Fariseos en Lucas 3:8: “Haced, pues, frutos dignos de arrepentimiento, y no comencéis a decir dentro de vosotros mismos: Tenemos a Abraham por padre.”. El arrepentimiento genuino siempre lleva frutos de conducta externo, pero estos son sólo el resultado del arrepentimiento.

Conclusión

Debemos arrepentirnos para ser salvos? Por supuesto, si entendemos con eso el “cambiar de mente en cuanto a Jesucristo” ó “cambiar de mente en cuanto a nuestra situación”, ó “cambiar de mente en cuanto a nuestra condición de pecadores”. Pero debemos de tener cuidado de insistir que debemos arrepentirnos en el sentido de “tratar de no pecar más” ó “resolver no pecar más”, ó “abandonar completamente el pecado” como requisito de salvación, porque así estaríamos cargando al vocablo “metanoeo” de más significado de lo que realmente tiene en el contexto del griego del Nuevo Testamento. Aparte, si hay que abandonar completamente el pecado antes de recibir a Cristo como Salvador, no lo estamos haciendo en nuestra propia fuerza, no estamos agregando algo al sencillo mensaje del Evangelio- “Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo” (Pablo al carcelero de Filipos, Hechos 16)?. Si ese “cambio de mente” realmente fue genuino, se va a ver tarde o temprano en los “frutos” que produce, pero no intentemos requerir los frutos antes de dejar al Espíritu Santo producir ese “nuevo nacimiento” en la persona que viene a los pies del Señor.


DICIEMBRE 2008 – A QUE NOS REFERIMOS EXACTAMENTE CUANDO HABLAMOS DE LA FUTURA “VENIDA” DE CRISTO?

Muchas veces escuchamos desde el púlpito frases como “preparémonos para la venida de Cristo”, ó “Señor, ayúdanos a amar tu venida“, ó incluso hablamos de “cuando venga Cristo para reinar a la tierra”. A veces oramos “Señor, estamos esperando tu venida para ir contigo al Cielo”, y a veces decimos “Señor, vendremos contigo en tu venida“. La pregunta es: Cuando hablamos de “venida”, a que nos estamos refiriendo – al evento que comunmente llamamos el “Arrebatamiento”, ó al evento que generalmente llamamos la “Segunda Venida de Cristo”? Es muy común en los creyentes hablar de la próxima “venida” de Cristo y no precisar, en el contexto en que se dice la frase, a cual de estos dos acontecimeintos se está haciendo referencia ( y muchas veces la persona que está hablando está superponiendo el “Arrebatamiento” con la “Segunda Venida de Cristo” como si fuera el mismo evento en tiempo y espacio).
Por supuesto, hay grupos Evangélicos que ven al “Arrebatamiento” como algo idéntico con la “Segunda Venida”. El problema con esta posición es que ignora ciertas diferencias dramáticas en cuanto a la descripción de cada evento. Por ejemplo, es relativamente claro que en el Rapto (el Arrebatamiento), Cristo “viene” sólo en un sentido parcial (no posa sus pies en la tierra, y no “viene” en forma visible), y “viene” a recoger a la Iglesia para estar con El “en las nubes” (I Tesalonicenses 4:17). En la Segunda Venida, es bastante claro que Jesucristo viene en un sentido “completo” – es un evento visible, viene en forma corporal, física, y se queda en la Tierra para reinar (no ocurre esto en “las nubes”). Es más, en este evento, Cristo viene “con sus santos”, y no “por sus santos” (que es lo que ocurre en el Arrebatamiento). Por lo cual deducimos que la mejor opción es pensar como estos dos eventos como distintos en tiempo y espacio.

Este es el problema: el uso del mismo término “venida”, el cual en ciertos pasajes se usa para referirse al “Arrebatamiento” (basados en la ley del contexto inmediato), y a veces se usa para referirse a la “Segunda Venida”. En otras palabras, Casiodoro de Reina (y los que hicieron las revisiones posteriores), no decidió usar dos términos distintos (dos traducciones distintas) para distinguir entre pasajes que obviamente se refieren al Arrebatamiento de los que se refieren al evento de la Segunda Venida de Cristo. Esto es desafortunado hasta cierto punto, pero demuestra una vez más los problemas de traducción a los cuales se enfrentan los traductores, ya que no existe una correspondencia uno-a-uno entre vocablos en el original y sus correspondientes traducciones al Español. Dicho de otra manera, no podemos asumir a priori que cuando leemos el término “venida” en el Español, que siempre se refiera al Rapto, ó que siempre se refiera a la Segunda Venida de Cristo, sino que puede referirse a cualquiera de los dos eventos.

Como decidimos, entonces, a cual evento se refiere cuando leemos “venida” en Español? Sencillo – aplicamos la Ley del Contexto inmediato. En otras palabras, el texto que circunda a cada instancia del término “venida” nos va a dar la pauta de cual de los dos eventos está en vista en ese pasaje. Algunos ejemplos a continuación:

1. Uso de “venida” para referirse al “Arrebatamiento”

1 Corintios 15:23 Pero cada uno en su debido orden: Cristo, las primicias; luego los que son de Cristo, en su venida.

1 Tesalonicenses 4:15 Por lo cual os decimos esto en palabra del Señor: que nosotros que vivimos, que habremos quedado hasta la venida del Señor, no precederemos a los que durmieron.

1 Tesalonicenses 5:23 Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo.

2 Tesalonicenses 2:1 Pero con respecto a la venida de nuestro Señor Jesucristo, y nuestra reunión con él, os rogamos, hermanos, que no os dejéis mover facilmente de vuestro modo de pensar…

1. Uso de “venida” para referirse a la “Segunda Venida de Cristo”

Mateo 24:3, 27, 37, 39 Y estando él sentado en el monte de los Olivos, los discípulos se le acercaron aparte, diciendo: Dinos, ¿cuándo serán estas cosas, y qué señal habrá de tu venida, y del fin del siglo? … Porque como el relámpago que sale del oriente y se muestra hasta el occidente, así será también la venida del Hijo del Hombre… Mas como en los días de Noé, así será la venida del Hijo del Hombre…y no entendieron hasta que vino el diluvio y se los llevó a todos, así será también la venida del Hijo del Hombre.

1 Tesalonicenses 3:13 para que sean afirmados vuestros corazones, irreprensibles en santidad delante de Dios nuestro Padre, en la venida de nuestro Señor Jesucristo con todos sus santos.

2 Tesalonicenses 2:8 Y entonces se manifestará aquel inicuo, a quien el Señor matará con el espíritu de su boca, y destruirá con el resplandor de su venida;

2 Pedro 3:12 esperando y apresurándoos para la venida del día de Dios, en el cual los cielos, encendiéndose, serán deshechos, y los elementos, siendo quemados, se fundirán!

En estos pasajes, es claro de que aunque todos ellos se refieren a la “venida” de Cristo, algunos están hablando del Rapto de la Iglesia y algunos otros, de la Segunda Venida física de Cristo para reinar a la tierra.

Pero un momento – quizás podemos preguntarnos si, aunque en el Español estos 8 pasajes aparecen traducidos de la manera (como “venida”), sería posible que los vocablos en el original griego de estos pasajes fueran distintos? Si, por ejemplo, los vocablos en griego traducidos como “venida” en los primeros 4 pasajes (aquellos que ya hemos determinado que se refieren al Arrebatamiento) fueran distintos que los vocablos en griego traducidos como “venida” en los otros 4 pasajes (que se refieren a la 2da venida de Cristo para reinar), esto nos ayudaría mucho en nuestra interpretación y distinción entre los 2 eventos. Pero nuestra sorpresa es aun mayor cuando comprobamos que los 8 pasajes traducen como “venida” el mismo vacablo griego en todos los casos – “parousia”. Asi que ni siquiera nos ayuda el hecho de ir y estudiar el idioma original en este caso (no siempre es asi con otros términos y conceptos teológicos), y debemos apelar más que nunca a nuestra habilidad hermenéutica basada en otras reglas de Interpretación, y en forma particular, la Ley del Contexto.

Este es el tipo de análisis interpretativo que enseñamos en la Clase de “Métodos de Estudio Bíblico” en el Colegio de Estudios Bíblicos de Houston, y este es un ejemplo de como debemos tener cuidado de no asumir de entrada lo que pretendemos probar en base a cierto término en el idioma Español, sino que debemos refinar nuestro análisis apelando a otras herramientas de interpretación. Invitamos a todos los lectores de este artículo de tomar esta clase “Métodos” que da el profesor Daniel Lopez, para poder encarar problemas interpretativos como el dado en este artículo con el nivel de escolaridad que merece el tema.


JULIO 2008 – JESUCRISTO COMO “HIJO”…. QUE SIGNIFICA ESO?

Juan 3: 16 dice textualmente “porque de tal manera amó Dios al mundo que ha dado a su Hijo unigénito…” . Esta frase presenta algunas preguntas inquietantes:

Primero: Que quiere decir que Dios “tiene un hijo”? Quiere decir que esta Deidad se puede “reproducir” (de la misma manera que nosotros los seres humanos “tenemos hijos”?).

Segundo: si este Hijo vino al mundo etc, quiere decir esto que fue un “ser creado”? Si es un ser creado, como puede ser igual a Dios, ó ser Dios, como sostienen los Cristianos?

Tercero: si este “Hijo” fue de alguna manera “concebido” por Dios, cuando ocurrió eso? Se refiere Juan al evento de la concepción de la virgen María? Fue en ese momento que Jesucristo se convirtió en “Hijo de Dios”, ó fue antes, quizás mucho antes, en la eternidad pasada? Es interesante hablar de todo esto, porque nos obliga a entender el concepto teológico de la “pre-existencia de Cristo”, y el significado de “Hijo” y del título “Hijo de Dios”.

Los dos temas que están en tensión aqui son éstos: como puede ser que Jesucristo puede ser “Hijo de Dios” y “Dios” a la vez? Intuitivamente esto no tiene sentido basado en nuestra experiencia como seres humanos. Si yo digo que tengo un “hijo” llamado Jonathan, esto también quiere decir que Jonathan es distinto a Daniel López, su papá, de muchas formas: Jonathan y yo somos dos personas distintas; Jonathan comparte algunas características conmigo (tiene mis genes, se parece físicamente a mi), pero no es la misma ESENCIA que yo. También se desprende que Jonathan es un “ser creado”, y su existencia empezó mucho después que la mia. Cuando aplicamos este paradigma al tema de “Jesucristo como Hijo de Dios” nos llevamos la gran sorpresa, ya que nada de esto se cumple. De alguna manera que no entendemos completamente, el Hijo fue “generado” por el Padre, ó “proviene del Padre”(éste es el significado de ser “Hijo de Dios” – el término “Hijo” no es un título simplemente). Sin embargo, si bien El es una persona distinta al Padre, retiene su misma ESENCIA (en ese sentido Jesucristo puede decir en Juan 10:30: “Yo y el Padre uno somos”, lo cual causa que los Judíos escuchando traten de apedrearlo en ese momento). Es más – aunque Jesucristo fue “generado” por el Padre, El NO FUE CREADO POR EL PADRE, ya que es la misma esencia del Padre y retiene todos los atributos de la Deidad. Según Juan 1:1-2: “En el principio era el Verbo (lo entendemos como una referencia a Cristo, por supuesto), y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Este era en el principio con Dios.” Por consiguiente, el Hijo es eterno, igual que el Padre, y su existencia ha sido “desde el principio”.

Por lo menos 100 veces Jesucristo se refiere a Dios como su “Padre” en los Evangelios. El menciona que fue enviado a la tierra por su Padre (Juan 14:24, Juan 5:26). Sin embargo, como hemos visto, Juan 1:1 considera a Jesucristo como eterno, y en algún momento sus enemigos lo quisieron matar porque “se hacía igual a Dios” (Juan 5:17). Obviamente el escritor Juan no ve ninguna contradicción entre “Jesucristo como Hijo de Dios” y el hecho de que El es pre-existente y eterno, y completamente Dios a la vez.

Que quiere decir, entonces, en Juan 3:16, que Jesucristo es el “Hijo unigénito”? Esta última palabra es la traducción del vocablo griego “monogenes”, que tiene un significado interesante. “Unigénito” quiere decir el “único que fue generado” por el Padre, y ocurre varias veces en Juan: 1:14, 4:18, 3:16 y 3:18. En base a estos pasajes y otros, sostenemos entonces la doctrina de la “generación eterna del Hijo”, un acto entre el Padre y el Hijo que tuvo lugar en la eternidad pasada. La expresión “hijo unigénito” no se refiere entonces al nacimiento físico del niño Jesús en Belén, porque si fuera así estaríamos negando la pre-existencia del Hijo. La segunda persona de la Trinidad fue “Hijo” mucho tiempo antes de encarnarse en forma de ser humano y nacer físicamente de la virgen María.

En conclusión, cuando hablamos de Cristo como “Hijo de Dios”, estamos hablando de una generación eterna en la Deidad, que no significa una “reproducción” en el sentido humano del término. Jesucristo fue “generado” pero no fue creado – es más, Juan sostiene que El creó todas las cosas! (Juan 1:3 – “Todas las cosas por El fueron hechas, y sin El, nada de lo que ha sido hecho, fue hecho”). Verdaderamente, podemos decir con el autor de Hebreos: Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos”! (Hebreos 13:8).

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